La arquitectura tradicional, vernácula, caracterizada en este caso y entre otros elementos, por el uso de aleros y muros gruesos, constituye un modelo constructivo eficiente que optimiza el confort térmico y reduce el consumo energético. Los aleros del tejado protegen las fachadas de la radiación solar directa, regulando la temperatura interior y disminuyendo la necesidad de climatización artificial. Por su parte, los muros de gran espesor actúan como reguladores térmicos naturales, almacenando calor en invierno y manteniendo la frescura en verano, lo que minimiza la dependencia de sistemas de calefacción y refrigeración.
En este contexto, los procesos de bioconstrucción, incluso en aquellos casos en los que no era ese el propósito, potencian la eficiencia energética mediante el empleo de materiales naturales y técnicas sostenibles, como el sillar de piedra o tapia, la mampostería y los techos con entresuelos altos, respetando el entorno y promoviendo una arquitectura de bajo impacto ambiental. La combinación de estos elementos no solo favorece la habitabilidad y el bienestar, sino que también contribuye a la preservación del patrimonio arquitectónico y a la mitigación del cambio climático.
Las proporciones arquitectónicas también juegan un papel clave: techos altos, de más de 2,80 metros, en combinación con ventiladores de techo y flujos de aire controlados, permiten mantener una temperatura casi constante en el interior. Los muros de cerramiento y de carga, con más de 75 centímetros de grosor, reducen significativamente el consumo energético, favoreciendo el aislamiento térmico tanto en invierno como en verano.
El edificio debe poseer un estilo propio, un carácter definido y un concepto arquitectónico basado en la construcción tradicional. Para lograr una vivienda pasiva, es esencial considerar su ubicación. En el caso del inmueble situado en Almendros Aguilar, 29; su orientación al Este y su posición en esquina con las calles Almendros Aguilar y Parrilla permiten aprovechar la sombra generada por su propia estructura y la de los edificios circundantes, complementada por persianas y postigos que contribuyen a la regulación térmica.
Las ventanas de madera, diseñadas con precisión y utilizando materiales de alta calidad, incorporan cristales Climalit y herrajes resistentes, garantizando un confort térmico óptimo a lo largo del año. Gracias a estas características, el edificio mantiene una temperatura estable en todo momento, eliminando corrientes de aire frío en invierno y conservando la frescura en verano.
La eficiencia energética se refuerza con el uso de calefacción eléctrica radiante, electrodomésticos de bajo consumo y sistemas de iluminación LED, lo que permite reducir significativamente los costes diarios y optimizar el rendimiento energético del hogar.